"No es tan difícil cambiar la sociedad; lo realmente difícil es cambiarte a ti mismo" NELSON MANDELA
 
 
 
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Quizás no has oído hablar de ella, pero seguro que la has padecido más de una vez. Se llama pareidolia y se refiere a aquél engaño de la percepción por el que nos parece ver una figura -habitualmente un rostro-  en una mancha de la pared, en una baldosa, en una nube o en la disposición de algún objeto. Aquí hay buenos ejemplos gráficos.

Dicen que la rapidez con la que identificamos una cara y la preferencia que tenemos por ellas podría tener una explicación evolutiva, debido a la necesidad vital de poder diferenciar unos ojos escondidos en el atardecer de la sabana de, por ejemplo, dos insectos brillantes que andan revoloteando por ahí.

Por este motivo no es de extrañar que llame mucho la atención la acción la obra de un par de artistas urbanos. Uno de ellos se llama simplemente JR y ha sido premio TED 2011 (su video de presentación aquí); es el autor de imágenes tan sorprendentes, intrigantes o conmovedoras como estas, fotografías enormes de rostros y ojos que cubren paredes de edificios, calles o trenes.

En pintura, Jorge Rodríguez Gerada se ha dedicado a dibujar rostros gigantescos en paredes de edificios como si se tratase de monumentales retratos al carbón (aquí podeis ver su obra y proyectos como Identidades).

Los rostros atraen y, de todos los rostros, aquellos que sonríen, los detectamos con una rapidez muy superior a la que detectamos caras graves, enojadas o neutras, según han mostrado algunos estudios realizados en laboratorios de neurociencias.

No se trata de algo banal: un rostro sonriente llama la atención, genera confianza y da sensación de proximidad. Una sonrisa puede romper dinámicas negativas en el seno de una discusión. Y, reírse, a parte de hacérnoslo pasar bien, probablemente genera una cantidad de oxitocina que, como mínimo, reduce la sensación de estrés y aumenta la confianza. O sea, un detalle a tener en cuenta en la vida cotidiana. Y quizás merezca la pena preguntarse: "¿Me río mucho, en mi grupo de trabajo?" o, "¿Los demás, se ríen conmigo?". 

 
 
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Cuando la mayoría de las cosas se miden, cuando se quiere encontrar justificación para todo y dejar lo menos posible al azar, no es extraño que se trate de buscar la explicación a por qué una persona tiene talento, por qué una persona es un buen gerente o por qué alguien es un líder nato.

¿Se imaginan que unos cuantos genes pudieses predecir con alta fiabilidad que un adolescente de quince años será un líder excelente o que una niña de diez años se convertirá en una creativa sobresaliente? No pocas empresas iniciarían una puja por el valor en potencia.

Por si acaso, ya hace un tiempo, en los Estados Unidos se prohibió utilizar la información genética en los procesos de selección de personal.

Pero la búsqueda de los por qués, sigue. Y en el último número de The Economist hay un artículo largo y documentado que se titula: Homo administrans sobre las posibles bases biológicas de los gerentes, los líderes y los emprendedores.

Por fortuna, queda mucho camino por recorrer, y la persona sigue siendo una todavía mezcla de genes y entorno. Sin embargo, se empiezan a tener datos incipientes sobre el peso de un exceso de testosterona, por ejemplo.

Algún día se podrá llegar a conclusiones más precisas. La pregunta pendiente será, entonces: ¿Y cómo ese líder es o se transforma en líder ubuntu? Seguramente la respuesta está en la confianza y -eso sí parece claro- confianza y oxitocina van de la mano.

El artículo de The Economist, aquí.

 
 
"Llegó la noche. la totalidad de los reclusos al interior de la cuadra, allí se confuncían legítimos ladrones, inocentes, homo y heterosexuales, bolos, asesinos y la catizumbada de insectos, nadie pudo dormir por encontrarse como dentro de una caja de fósforos, era una celda del infierno terrestre.
 

Lo bueno fue que todos los de la redada nos habíamos agrupadoen un mismo sitio para protegernos  de cualquier eventualidad."
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En el aeropuerto de Guatemala encontré una novela de Maco Luna titulada Cuerpo y alma; lo que me llamó la atención fue el subtítulo: Sonrock chapín. La leí en el trayecto aéreo hasta Houston, escala obligada antes de llegar a Barcelona. El autor, líder de una banda de rock guatemalteca de la década de 1970, explica la vida cotidiana de la banda y la creación de una mezcla del sonido del rock de la época con la música puramente chapina, indígena.

Esa fue una época de represión en el país. Quizás estaba sensibilizado sobre el tema, porque la noche antes había asistido a la proyección del impactante documental Las quimeras del diablo (dir. por Mary Ellen Davis) en el Ciclo de Cine Nacional junto con José María y Marialis.

En la novela, marqué el párrafo que está al comienzo de este post y, pocas horas después, cuando me desperté ya sobre el Atlántico y cerca de Portugal, retomé el libro que me había llevado para el viaje: Si esto es un hombre de Primo Levi, la imprescindible y cruda narración de un deportado a Auschwitz, páginas de supervivencia, de sentido común (y, también reflejo de la crueldad que puede llegar a tener el ser humano). 

En un episodio del relato, Primo Levi escribe: "La facultad humana para hacerse una guarida, para fabricarse una capa protectora, para construirse una sútil barrera defensiva alrededor -incluso en circunstancias aparentemente desesperadas es sorprendente y requeriría un estudio en profundidad. (...) En virtud de este trabajo, tras algunas semanas se consigue llegar a un cierto equilibrio, a un cierto grado de seguridad frente a los imprevistos; uno se ha construido un nida; el trauma del trasvase se ha superado."

En otro orden de cosas, estos días los periódicos del mundo dedican páginas a la tragedia de 33 mineros chilenos atrapados en una galería subterránea del desierto de Atacama. Tras descurbrir que siguen con vida varias semanas después del accidente, en una grabación de vídeo los supervivientes explican cómo se han organizo, cómo se han dividido en pequeños grupos para apoyarse unos a otros.

Tres reflexiones sobre la conducta humana procedentes de contextos totalmente distintos, pero con una base común: la privación de la libertad y sus efectos sobre el grupo. ¿Sucede lo mismo cuando la privación de libertad no es física, sino una sensación subjetiva del colectivo?

 
 
El mismo día que me propongo empezar a leer la última novela de Chris Stewart ("Tres maneras de volcar un barco", Salamandra, 2010), aparece en la Contra de La Vanguardia una entrevista que Lluís Amiguet hizo a Tom Byers, formador de emprendedores de la Universidad de Stanford y colaborador de Iese.
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Chris Stewart es un hombre polifacético conocido por ser el primer batería del grupo Génesis, por haberse comprado un cortijo en Las Alpujarras hace dos décadas y, como escritor, por haber publicado Entre limones.En Tres maneras de volcar un barco, el autor explica un episodio de su vida que empieza cuando acepta un trabajo de patrón de barco sin haber navegado nunca, cómo aprende a manejar el timón y las velas para dirigir el lagostinero de un matrimonio inglés que pasan las vacaciones en las islas griegas y, finalmente, se embarca en la dura travesía desde las costas inglesas hasta Terranova, pasando por Noruega e Islandia.

Del libro me interesa, sobre todo, el espíritu de "dejar fluir" que emana:


"El único consuelo -siempre hay algo que te sirve de consuelo- era una pastelería que había en el pueblo, a media hora de camino. Me sentaba allí al final de la jornada y, con el placer que me proporcionaba la lectura de Zorba el griego, de Nikos Kazantzakis, aliviaba la tristeza de mi situación con un café y un trozo de riquísima tarta de chocolate, o en ocasiones un helado de mango. Que las válvulas de escape de la condición humana tengan un funcionamiento tan sencillo constituye una de las grandes vida."

Naturalmente, dejar fluir significa, también aceptar que uno puede equivocarse. Por este motivo me llamó la atención la lectura de la entrevista a Tom Byers (aquí), en cuyo titular invoca al error: ¡Equivocaos, por favor: sólo así podréis acertar algún día!.

Cuando la cultura de la empresa es la de evitar sistemáticamente el error -y el error es omnipresente, recuerden-, esto lleva a conductas, no sólo de ocultación y de disfraz, sino también de persistencia en el error "para tratar de subsanarlo", lo que resulta en un error todavía mayor (y, además, sin el necesario ejercicio de reflexión que conduce al aprendizaje del error y, por tanto, a la superación, al avance).

El líder, como cualquiera, se equivoca. Lo que diferencia a un tipo de líder del otroes la manera cómo se acepta el error y cómo se utiliza en beneficio propio y del grupo.
 
 
 
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Una visita al museo Guggenheim de Bilbao suele ser una manera fácil de provocar los sentidos y generar una catarata de emociones. Este verano hay un par de exposiciones totalmente distintas. Henri Rousseau, con sus cuadros naïf sobre selvas que nunca visitó, y  Anish   Kapoor, un escultor de Bombay cuya obra -sobre todo arquitectónica-, no deja indiferente por sus reminescencias anatómicas o sus implicaciones sociales.

Sin embargo, en el Guggenheim de Bilbao existe un fondo permanente y uno de los espacios que más me interesa -y que no deja de sorprenderme una y otra vez- es la sala dedicada al escultor estadounidense Richard Serra, y de él quiero hablar en este post.

Serra trabaja con grandes piezas de acero oxidado al que da formas geométricas y con las que crea curiosos laberintos gigantes. En esa sala del museo hay seis de ellos. Uno entra, mira hacia un lado y hacia el otro, camina un poco por la sala hasta que, como quien no quiere, se fija en otros paseantes que entran y salen de las enormes piezas, que aparecen y desaparecen por los intricados laberintos de acero.

Antes de emitir el juicio definitivo, el visitante imita, curiosea, se deja ir, vence la separación respetuosa que suele haber siempre entre el espectador y la obra de arte. Y es en este momento cuando, al pasar entre paredes inclinadas que dejan apenas espacio para caminar normalmente, tienes que arrimarte al acero para dejar pasar a otra persona que viene en sentido contrario, o sientes un ligero mareo por la inclinación de las paredes sobre la cabeza, o te fijas en el eco de los pasos, las voces, las risas... hasta que llegas al ágora, al centro de la escultura, donde el espacio se abre, donde respiras y te encuentras con otros visitantes que se ríen, que comentan, que muestran sus emociones.

Foto: The Pulitzer
La exposición se llama La muestra del tiempo (es posible verla virtualmente aquí). según explica Richard Serra, se llama así porque el tiempo que cada uno tarda en hacer este recorrido emocional, desde la visión individual hasta compartir las emociones es variable, pero acaba dándose porque el ser humano es un ser gregario, juguetón y a quien le gusta compartir sus hallazgos.

Este tipo de experiencias resultan útiles por su aplicación a la dinámica de grupos o a la gestión de personas y la resolución de conflictos. Fieles a la filosofía ubuntu, hay que recordar que suele haber más cosas que nos unen que cosas que nos separarn, y empezar por las que nos unen suele ser una buena manera de iniciar un diálogo (y, por tanto, la posibilidad de cambio).

 
 
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En el Magazine de La Vanguardia del 11 de julio de 2010, Javier Cuervo hace un reportaje sobre Graciano García, el "alma de los premios Príncipe de Asturias". Al hablar de Nelson Mandela, a quién conoció personalmente, García dice:

"Un faro de la humanidad que se manifestaba con enorme humildad. (...) Es una de las personalidades que más me impresionó. En su discurso, con voz convencida y firme, hizo un canto a España y a los graves problemas de desigualdad económica, sobre todo en África, con gran sensibilidad."

Hoy 18 de julio es su cumpleaños. Quizás la mejor manera de felicitarle sea apoyando iniciativas que se hacen en su nombre. En la página 46664-Volunteers hay varias opciones para participar en los distintos proyectos de la fundación de Nelson Mandela.


Mientras, 92 niños le felicitan en su casa.
 
 
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Vuvuzelas, jugadores, goles, lágrimas, colores...

Un mes de nuestras vidas, vivido con mayor o menor intensidad. Quizás sólo serán imágenes de televisor y cierta angustia; quizás sólo recuerdos auditivos en unas noches de verano (el waka-waka escuchado en las radios sin cesar, algunos petardos que tiran otros, bocinas, exclamaciones "¡ay!, ¡uy!, ¡goool!).

Sea como sea, ahí está, para todos. Vivido de un modo u otro. En el recuerdo. Algo nos ha dejado ese Mundial, y algo de nosotros también se quedó aquí o allí.

Como colofón, sin saber todavía quién será el campeón, a pesar de las predicciones del pulpo Paul y otros animales en los que internet y la incertidumbre nos quieren hacer depositar la confianza, aquí va este bonito artículo en inglés de Neal Collins, publicado en el Bleacher Report y otros medios.

Ubuntu, una manera de ser; indudablemente, una manera de liderar. ese es el verdadero legado de Sudáfrica.
 
 
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Vilassar de Mar es una pequeña ciudad de la costa de Barcelona; hoy celebra la fiesta mayor de verano; en ocasiones así, es habitual que en la plaza del ayuntamiento se levanten torres humanas (castellers).

Para que una buena torre pueda cargarse y descargarse con éxito, a parte del equilibrio y la fuerza, es importante  que haya una buena base -la llamada pinya- que, como el contrafuerte de cualquier catedral gótica, permite que se alce la torre esbelta.

Resulta interesante observar cómo se organiza esta pinya, donde las personas se juntan, los brazos se levantan para  reforzar la base y las cabezas se agachan. Todos son uno en esa amalgama y el objetivo es común. 

Ahora bien, para lograr que cada uno tenga la posición adecuada, existen dos figuras importantes: el cap de pinyes (líder de la base i responsable de estructurarla) y el cap de colla (líder del grupo y máximo responsable técnico).
Con órdenes precisas y visión de conjunto, logran organizar el bello hormiguero humana que permite que la torre se luzca.

 
 
Ayer hubo elecciones para la presidencia del Futbol Club Barcelona. El ganador fue Sandro Rosell, que logró una importante ventaja sobre los demás candidatos.

El periódico Libertad Digital reproduce una noticia de la Agencia Efe donde Rosell se refiere a Nelson Mandela:

"El 'Nelson Mandela' del Barça
  • Rosell quiere ser el presidente de todos los barcelonistas y desea inspirarse 'salvando las distancias, que son incomparables', en la figura de Nelson Mandela y en el espíritu de la novela El factor humano, escrita por John Carlin y que llevó al cine Clint Eastwood bajo el título de Invictus. "Si podemos aplicar un porcentaje superpequeño de ese espíritu, tendríamos mucho ganado", ha comentado Rosell, que es miembro del consejo asesor de la Fundación Nelson Mandela."